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Skyrim:Amenaza creciente

De Teswiki

Contenido

Vol. I

Amenaza creciente, vol. I
de
Lathenil de Solaria


A continuación se relata la historia de Lathenil de Solaria, un refugiado altmer de la isla de Estivalia que llegó a Cyrodiil en los primeros años de la Cuarta Era. En palabras del propio Lathenil, no huyó de las consecuencias de la Crisis de Oblivion en Estivalia, sino más bien de “la tenebrosa sombra de los Thalmor que se cierne sobre mi amada tierra”.

Lathenil tenía una presencia muy intensa, por decirlo con gentileza, y algunas de sus acusaciones a los Thalmor parecían rozar la locura. Quizá esa fuera la razón por la que sus fervorosas advertencias y sus críticas abiertas a los Thalmor y el Dominio de Aldmer fueran desatendidas, pero la historia finalmente ha reivindicado, al menos en parte, las afirmaciones de Lathenil.

Praxis Erratuim, historiador del Imperio

Era apenas un niño cuando la Gran Angustia nos invadió. El aire se dividió y dejó profundas heridas abiertas que expectoraban daedra de las mismísimas entrañas de Oblivion. Muchos acudieron en masa a la costa huyendo de la hueste asesina de Dagon, pero los mares traicionaron a nuestro pueblo y se alzaron destrozando los barcos en los puertos y abandonándonos a un destino tan vil y macabro que la muerte nos parecía la salvación.

La Torre de Cristal se convirtió en nuestro último bastión de esperanza, tanto en sentido literal como figurado.

Los refugiados la atestaron hasta que no cabía nadie más. Yo podía saborear el miedo en el ambiente, sentía cómo el manto de la desesperación nos asfixiaba. Veíamos a los daedra moverse entre los árboles lejanos, pero no vinieron. Los días pasaron y los daedra seguían sin acercarse más allá del alcance de las flechas. Nuestra esperanza creció. Algunos incluso afirmaron: “¡Nos temen, hasta los daedra saben que no se debe faltar al respeto a la sabiduría y la magia de la Ley de la Torre de Cristal!”.

Fue como si los más inmundos demonios de Oblivion estuvieran esperando que ese ánimo se infundiera en nuestros corazones para actuar.

Dormíamos, e innumerables legiones de daedra se agolparon a nuestro alrededor... y no estaban solos. Cientos de prisioneros altmer iban con ellos. Al amanecer, sus gritos nos despertaron y observamos con abatimiento y pavor cómo los daedra los azotaban, despellejaban y, por último los profanaban por completo. Nuestros parientes descuartizados, devorados vivos, empalados por sus infames máquinas y despedazados para alimentar a sus impías bestias.

Este baño de sangre fue solo un preludio para abrir el apetito.

Cuando los daedra terminaron con nuestros parientes, volvieron la mirada a la Torre de Cristal. Nuestro excelso y noble bastión demostró ser un obstáculo similar a un gran roble ante una avalancha... Se mantuvo erguida y digna, pero por poco tiempo; parecía que podía burlar aquella marea de destrucción, pero finalmente sucumbió.

Nuestros augustos hechiceros diezmaron a los demonios y los hicieron cenizas. Los arqueros encontraron hasta el más pequeño resquicio de las armaduras daédricas a cien pasos, abatiendo a sus capitanes y altos mandos. La grandeza y destreza de nuestras heroicas defensas fueron dignas de alabanzas, pero nada de ello fue suficiente. Los daedra treparon sobre los cadáveres de sus huestes. Marcharon precipitadamente hacia una muerte y destrucción que haría estremecerse a los ejércitos más poderosos de Tamriel.

Cuando superaron las murallas, yo huí junto al resto de cobardes. No me enorgullezco de esa acción, que me ha perseguido desde entonces y me ha hecho consumir por la culpa, pero es la verdad. Huimos presas del pánico y abandonamos a los resueltos altmer que defendieron la posición frente al ataque para preservar y defender la ilustre Torre de Cristal.

Cruzamos a marchas forzadas astutos pasadizos y emergimos lejos del caos que se cernía sobre la torre. Y es ahí cuando ocurrió. Comenzó como una ráfaga entre las hojas de un denso bosque, pero el sonido no se atenuaba, sino que aumentaba hasta convertirse en un rugido que hizo temblar el suelo que pisaba. Me giré a ver, y el mundo contuvo el aliento...

Me quedé paralizado y sentí cómo arrancaban el corazón de mi tierra natal como si lo hicieran de mi propio pecho. La inconcebible, la incomprensible Ley de la Torre de Cristal derrumbada con la dignidad de un mendigo que se enfrenta a un inquebrantable puño de acero. Observé durante una eternidad, intentando equiparar aquello que veía con aquello que sabía.

Cuando el hechizo cesó y fui consciente de dónde me encontraba, los sollozos abrasaban mi pecho y los llantos sonaban por doquier. Montones de refugiados como yo permanecían hipnotizados por el horror que del mismo modo a mí me había embrujado. “Vamos”, grazné, mientras mi corazón, el corazón de mi tierra, se hacía pedazos. Nadie se movió, ni siquiera yo.

Con toda la voluntad que fui capaz de reunir, rugí todo el miedo, odio y agonía que sentía por lo que había ocurrido, y convertí el mundo en un absurdo alarido: “¡VAMOS!” Entonces corrí, y sentí, más que ver, que los demás me seguían.

Vol. II

Amenaza creciente, vol. II
de
Lathenil de Solaria


A continuación se relata la historia de Lathenil de Solaria, un refugiado altmer de la isla de Estivalia que llegó a Cyrodiil en los primeros años de la Cuarta Era. En palabras del propio Lathenil, no huyó de las consecuencias de la Crisis de Oblivion en Estivalia, sino más bien de “la tenebrosa sombra de los Thalmor que se cierne sobre mi amada tierra”.

Lathenil tenía una presencia muy intensa, por decirlo con gentileza, y algunas de sus acusaciones a los Thalmor parecían rozar la locura. Quizá esa fuera la razón por la que sus fervorosas advertencias y sus críticas abiertas a los Thalmor y el Dominio de Aldmer fueran desatendidas, pero la historia finalmente ha reivindicado, al menos en parte, las afirmaciones de Lathenil.

Praxis Erratuim, historiador del Imperio

Lo que ocurrió tras la caída de la Ley de la Torre de Cristal fue muy confuso. Fue como si mi mente se... detuviera sin más. El instinto se impuso, como si mis pensamientos cayeran en un abismo oscuro de desesperación. El tiempo perdió todo su significado, y a día de hoy no recuerdo cuánto tiempo estuve en ese estado. Con el tiempo, una suerte de pensamiento consciente se sobrepuso: ¡la horda daédrica había desaparecido! Se había ido tan súbitamente como había aparecido.

Antes de que mi obnubilada mente comprendiera la conmoción en que se había sumido mi amada isla de Estivalia, antes de que pudiera formular la pregunta, “¿cómo?”, allí estaban, vertiendo un dulce veneno en nuestros oídos: los Thalmor. Eran ellos los que nos habían salvado, afirmaban, con una profunda y sutil magia. Fueron sus esfuerzos, sus sacrificios, los que habían impedido la extinción de los altmer.

Ah, pero qué estúpidos fuimos. Queríamos tan desesperadamente agradecer a alguien el fin de nuestros problemas, que nos entregamos a los primeros que aparecieron y reivindicaron la gloria. Con ese simple acto de gratitud, permitimos que el mal penetrase en nuestro hogar y pudriera nuestra antaño noble y distinguida civilización.

Sucedió meses antes de que comenzara a sospechar lo que habíamos hecho. Pequeños pinchazos de intranquilidad comenzaron a enojarme, pero por separado fueron fáciles de ignorar y apartar de mi mente. El exilio del gran mago vidente Rynandor el Audaz fue la duda final que no pude pasar por alto. Veréis, Rynandor fue uno de los pocos que sobrevivieron al hundimiento de la Torre de Cristal. Presencié algunas de sus heroicas y valientes gestas con mis propios ojos. Su liderazgo y su brujería fueron los que hicieron pagar a los daedra el precio de la destrucción de la Torre de Cristal.

Los Thalmor mancillaron su nombre cuando cometió la osadía de hacer públicas sus dudas y cuestionar su papel en el fin de la Crisis de Oblivion en la isla Estivalia. Rynandor cometió el error de hacer caso omiso del “consensus gentium”, fiándose más de la lógica y los hechos. Sin embargo, la sagacidad de los Thalmor no permitiría que la verdad se interpusiera en su camino. En cuanto consiguieron influir en la opinión pública para ponerla en contra de Rynandor, lo secuestraron e intensificaron sus esfuerzos para empañar su reputación. Ante la imposibilidad de defenderse de los ataques de los Thalmor, Rynandor fue pronto acusado y exiliado.

Vol. III

Amenaza creciente, vol. III
de
Lathenil de Solaria


A continuación se relata la historia de Lathenil de Solaria, un refugiado altmer de la isla de Estivalia que llegó a Cyrodiil en los primeros años de la Cuarta Era. En palabras del propio Lathenil, no huyó de las consecuencias de la Crisis de Oblivion en Estivalia, sino más bien de “la tenebrosa sombra de los Thalmor que se cierne sobre mi amada tierra”.

Lathenil tenía una presencia muy intensa, por decirlo con gentileza, y algunas de sus acusaciones a los Thalmor parecían rozar la locura. Quizá esa fuera la razón por la que sus fervorosas advertencias y sus críticas abiertas a los Thalmor y el Dominio de Aldmer fueran desatendidas, pero la historia finalmente ha reivindicado, al menos en parte, las afirmaciones de Lathenil.

Praxis Erratuim, historiador del Imperio

Con extrema cautela, organicé a un grupo de conjurados integrado por aquellos que desconfiaban de los motivos y métodos de los Thalmor. Durante varios meses, me desprendí de mis ancestrales propiedades y acumulé toda la herencia que pude sin levantar sospechas. ¡Iría en busca de Rynandor y le ayudaría a recuperar su reputación y su posición. Entonces volveríamos para derrotar a los Thalmor con sus propias armas y recuperaríamos las costumbres y moral de los altmer! El resto de conjurados debían permanecer en la isla de Estivalia y ganarse la confianza de los Thalmor en la medida en que mejor pudiera convenir a cada uno de ellos, y enviarme cartas clandestinas cuando les fuera posible.

Tras semanas de meticulosas investigaciones y carísimos sobornos, averigüé que Rynandor había sido enviado a Yunque por barco. Conseguí un pasaje, y allí casi termina mi búsqueda, ya que Rynandor nunca había atracado en su puerto. El pálpito que tenía de que Rynandor había sido víctima de un engaño y asesinado se vio confirmado cuando seguí la pista de varios marinos que supuestamente iban a bordo del barco de Rynandor. Todos habían muerto en misteriosas y violentas circunstancias.

El primero de los atentados que sufrí contra mi vida sucedió poco después. No es necesario decir que sobreviví, pero mi ambicioso plan de frustrar los planes de los Thalmor se esfumó ante la ausencia de un líder carismático al que seguir. Me oculté y esperé ansiosamente noticias de las actividades de los Thalmor allá en la isla de Estivalia.

En los años siguientes intenté influir en el Imperio por todos los medios posibles y advertirles de las intenciones de los Thalmor. El Imperio, no obstante, ya tenía suficientes preocupaciones una vez finalizada la Crisis de Oblivion dentro de sus fronteras como para preocuparse de los problemas de la lejana Estivalia. Tras el asesinato del emperador Uriel Septim VII y sus herederos, y la inmolación de Martin Septim, auténtico salvador de la isla de Estivalia y del resto de Tamriel, el liderazgo del Imperio quedó herido de muerte.

El sumo canciller Ocato reunió al consejo de ancianos al completo en un infructuoso intento de elegir un nuevo emperador. Sin un emperador, el Imperio comenzó a desmembrarse más allá de los límites de Cyrodill. Ocato accedió a regañadientes a convertirse en potentado según los términos del decreto del Consejo de Ancianos hasta que se restableciera el dominio del Imperio, pero un líder a regañadientes no suele ser un líder fuerte.

El potentado Ocato realizó esfuerzos encomiables para poner freno a la locura que amenazaba con desmembrar el Imperio, e incluso había realizado grandes avances cuando la Montaña Roja entró en erupción y destruyó casi todo Páramo de Vvarden, probablemente debido a la manipulación de los Thalmor, aunque no tengo pruebas de su implicación en este suceso. Lo que quedó de Morrowind se sumió en el caos más absoluto. Los efectos de la erupción alcanzaron incluso a Ciénaga Negra, con la destrucción de los caminos y el aislamiento de las guarniciones Imperiales en ese lugar.

Nadie estaba preparado para lo que sucedió a continuación.

Vol. IV

Amenaza creciente, vol. IV
de
Lathenil de Solaria


A continuación se relata la historia de Lathenil de Solaria, un refugiado altmer de la isla de Estivalia que llegó a Cyrodiil en los primeros años de la Cuarta Era. En palabras del propio Lathenil, no huyó de las consecuencias de la Crisis de Oblivion en Estivalia, sino más bien de “la tenebrosa sombra de los Thalmor que se cierne sobre mi amada tierra”.

Lathenil tenía una presencia muy intensa, por decirlo con gentileza, y algunas de sus acusaciones a los Thalmor parecían rozar la locura. Quizá esa fuera la razón por la que sus fervorosas advertencias y sus críticas abiertas a los Thalmor y el Dominio de Aldmer fueran desatendidas, pero la historia finalmente ha reivindicado, al menos en parte, las afirmaciones de Lathenil.

Praxis Erratuim, historiador del Imperio

Mientras Morrowind y las fuerzas Imperiales de Ciénaga Negra se recuperaban de las catastróficas consecuencias de la Crisis de Oblivion y de la destrucción de Páramo de Vvarden, los Thalmor incitaban a los argonianos a una sublevación en masa. Ciénaga Negra y Morrowind cayeron a manos de los argonianos, pero por suerte, los Thalmor perdieron la influencia que ejercían sobre los reptilianos.

Mientras tanto, los Thalmor consolidaron su posición en mi amada tierra. Pasó casi una década antes de que mis propias intrigas me llevaran a ponerme en contacto con Ocato. Parecía interesado sobre todo en lo que tuviera que contarle sobre los Thalmor, quizá porque él era un altmer y sabía reconocer la amenaza que representaban. No pasó mucho tiempo antes de que hicieran asesinar a Ocato.

El asesinato del potentado Ocato dio paso al interregno Corona de Tormenta. El Consejo de Ancianos se fracturó, lo que dio paso a años de luchas despiadadas, conspiraciones y traiciones. Muchos intentaron subir al Trono de Rubí, la mayoría pretendientes a la corona, algunos con derechos legítimos, pero otros no eran más que zoquetes cruentos convencidos de que la fuerza de las armas era el único derecho que necesitaban. Violentos e irracionales ataques azotaron la Ciudad Imperial en varias ocasiones durante este periodo de anarquía, siempre con la Torre Blanca y Dorada en el ojo del huracán, como si aquel fuera el juicio de los Nueve Divinos.

Con el Imperio sumido en el caos, los Thalmor no tardaron en actuar. Derrocaron a los legítimos reyes y reinas de los altmer. Recuerdo la repulsa y el horror que sentí cuando la noticia llegó a mis oídos... que semejante sinsentido se hubiera apoderado de mi tierra. ¡Muchos pertenecientes a esta gran raza, antaño digna y majestuosa, eran de hecho partícipes de esta locura!

Entonces se produjo la primera masacre en la isla de Estivalia. Aniquilaron a todos los que no fueran “sangre aldmer”. Una fácil excusa para exterminar a todos los disidentes... Los Thalmor no eran dados a desperdiciar ese tipo de oportunidad.

Tras siete largos y sangrientos años, el interregno Corona de Tormenta finalizó cuando un señor de la guerra coloviano, Tito Mede, se alzó con el trono. Si tenía derecho legítimo al trono o no, es un asunto discutible, pero sin Tito Mede hoy no existiría el Imperio. Demostró ser un líder astuto y válido, al punto que Skyrim lo proclamó emperador.

Mientras el Imperio se estabilizaba bajo los prometedores designios del emperador Tito Mede, yo reanudé mi misión de advertir acerca de la amenaza de los Thalmor. De nuevo, ellos llevaban ventaja, y antes de que mis esfuerzos pudieran dar su fruto, golpearon: un nuevo ataque, en esta ocasión en Bosque Valen. El Imperio no estaba preparado para los engaños y maquinaciones de los Thalmor.

Existen quienes afirman que las fuerzas combinadas de los altmer y los bosmer superaban con creces al Imperio, pero eso es absurdo. Los Thalmor habían ganado esta breve y cruel campaña antes incluso de derramar la primera gota de sangre. Esperaron y observaron al Imperio, eligieron dónde y cuándo atacar. Los Thalmor eran capaces de liberar toda la furia de su pequeño contingente de altmer y bosmer en cualquiera de las numerosas fortalezas Imperiales.

Los Thalmor, contrarios a las posturas de los generales Imperiales, no atacaban con fuerzas de gran número. Tenían los mejores espías y gran movilidad, y sabían cómo aprovechar esas virtudes. ¡Ahí reside su amenaza! ¡Son crueles y despiadados, pero no son estúpidos! Son maliciosos y sutiles, y muy, muy pacientes.

Con un solo ataque, los Thalmor establecieron una posición estratégica en la región de Tamriel e impidieron cualquier intento que el Imperio pudiera hacer de invadir la isla de Estivalia y deponer su tiranía. Del mismo modo, afianzaron su posición estratégica para seguir vigilando al Imperio y esperar. ¡Al mismo tiempo dieron nuevas alas al Dominio de Aldmer con su alianza con los bosmer de Bosque Valen!

Con el paso de las décadas, los Thalmor permanecieron en calma, pero aquello no fue el fin, sino más bien el principio. Se dedicaron a consolidar su poder y a afianzar su control sobre los corazones y las mentes de los altmer. Puede que el Imperio quiera olvidar las heridas sufridas en su orgullo a manos de los Thalmor, pero ellos siguen ahí. Intrigando. Observando. Esperando.

Aunque el Imperio se conforme con asegurar los rincones intrascendentes de su vasto dominio, la amenaza de los Thalmor sigue aumentando. Nadie, desde el potentado Ocato, me ha escuchado. ¡Ruego a todos y cada uno de los ciudadanos de este célebre Imperio que atiendan mi plegaria! Debemos detener a los Thalmor antes de que sea demasiado tarde.

Poco después de que Lathenil de Solaria fuese autorizado a imprimir y distribuir estos tres volúmenes a lo largo y ancho del Imperio con su propio cuño, se vio abocado a un violento fin. A la luz de los acontecimientos que sucedieron a su muerte, debemos considerar la posibilidad de que fuera asesinado por los Thalmor.

-- Praxis Erratuim, historiador del Imperio